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Sería injusto decir que sin Daniel Miller, Depeche Mode no serían nada ahora mismo. De no haberse encontrado con él es posible que el grupo hubiera triunfado o que quizá tuvieran aún más éxito que el actual, pero lo cierto es que sin Miller Depeche Mode, sin ninguna duda, no serían lo que son ahora mismo. Si después de oír en Rough Trade la maqueta de esos chicos de Basildon, Miller hubiera seguido en sus trece, convencido de que aquello era “una porquería”, como dijo la primera vez que oyó la música de Depeche Mode, es posible que el grupo estuviera ahora mismo en una multinacional o que, como ocurrió con Human League o Spandau Ballet, a los pocos años de nacer hubieran desaparecido para siempre. La capacidad musical de Miller, su olfato para lo novedoso y su falta absoluta de prejuicios musicales consiguieron que Depeche Mode no se quedara en un grupo de quinceañeros, más o menos afín a la corriente del pop futurista, si no que evolucionaran y no se rindieran ante nada ni siquiera ante el abandono de Clarke, el alma mater del grupo.

La historia de Daniel Miller es parecida a la de la mayoría de los capos de las cada día mas difíciles de encontrar compañías independientes. Lo que Miller quería ser desde niño era músico. El grababa sonidos en cintas, mezclaba unos con otros y siempre estaba a la última en lo que a música se refería. Uno de los grandes descubrimientos de su vida fue el de los grupos alemanes previos al punk. Y ese movimiento, el punk, parece ser que le hizo interesarse realmente por la música. “El punk daba cosas diferentes a gente distinta; para mí el sintetizador es el instrumento ideal para el punk; con él puedes expresar todo lo que quieras, sin necesidad de saber música. Con él lo importante son las ideas”.

Con un Korg 700S de segunda mano y una grabadora, Miller comenzó a componer sus canciones. En 1978 Daniel creó su propia compañía, Mute, para editar su primer disco, TVOD, de The Normal, el seudónimo bajo el cual hacía sus locuras musicales. “El grupo -declararía más tarde a Master BAG Magazine- estaba compuesto por mí mismo. El nombre me gustaba porque la mayoría de las veces la gente que tiene una apariencia muy normal, casi aburrida, es la que crea cosas más originales; en cambio los que intentan ser más raros que nadie, habitualmente son muy mediocres”. Ese primer disco de The Normal es un precedente del pop electrónico, que algunos han llegado a considerar minimalista. Con el tiempo Grace Jones haría una versión de la canción más pegadiza del disco. En esa época y como muestra de la irónica genialidad de Miller, apareció en Mute otro “grupo”, Silicon Teens, una banda inventada por él que se dedicaba a hacer versiones de éxitos pop, “decidí que sería divertido crear un grupo de quinceañeros, de pop electrónico, formado por dos chicos y dos chicas. Lo malo era cuando había que hacer entrevistas, porque todo lo hacía yo solo”.

El primer grupo “serio” de Mute fue Fad Gadget. En un concierto de esta banda, en el que fueron teloneados por Depeche fue cuando Miller se dió cuenta de que esos chicos valían y decidió reclutarlos para su compañía. Lo siguiente ya esta contado : el contrato sin papeles al cincuenta por ciento, la fe ciega de Miller cuando Vince dejó el grupo y, eso sí, la participación de Daniel en todos los discos de la banda (hasta “Music for the Masses” él fue el productor de todos), aportando ideas y, según explica Dave Gahan, dándoles energía. “Daniel es un auténtico Workaholic; toda su vida, incluyendo cuando duerme, está dedicada al trabajo. Nosotros somos bastante vagos y él consigue que nos pongamos las pilas rápidamente. Cuando no le gusta un sonido o alguna de nuestras ideas, siempre tiene razón. Cuando lo hacemos como él dice, sale mucho mejor”.

La capacidad de trabajo de Miller y, por supuesto su olfato, han conseguido que a mediados de los 90 Mute sea una de las pocas compañías independientes que se mantienen en pie. Quizá en parte la culpa la tenga la “mania” de Miller de confiar en los músicos; con sus contratos orales, con los que correría el riesgo de quedarse sin grupos y sin dinero, parece conseguir que las bandas estén a gusto y no se rindan a las tentaciones multinacionales. Depeche es el caso más claro de lealtad, pero Yazoo en su momento, Nick Cave o Nitzer Ebb continúan fieles a uno de los pocos empresarios musicales que continúa creyendo en la magia del sonido.

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